De boca en boca!

Teatro o multilenguaje.


La diferencia del niño espectador.

Una obra de teatro es el gran momento en que actor y espectador se comunican a partir de diferentes sensaciones. La conciencia y subjetividad del público juegan un rol preponderante ya que percibe e imagina a partir de lo que ve y escucha. El actor a través de la palabra, elementos no verbales, la iluminación, el espacio… crea un mundo imaginario donde los chicos son el testigo más cercano.


Carla Rodríguez | Actriz – Profesora de letras – Directora de “ITO. Teatro para bebés” www.itoteatroparabebes.blogspot.com – Actriz de “Malas palabras”


Cuando vamos al teatro, nos vestimos y preparamos. ¡El teatro es una fiesta!


Es raro que pasemos de casualidad por la puerta y entremos. Casi siempre es un plan que se les ocurre a los grandes unos días antes o unas horas antes.


Alguien elige asistir a un espectáculo. ¡Y hacia allá vamos!

Porque el teatro no se parece en nada a ver los dibujitos, ir al pelotero o al jardín de infantes, es otra cosa. A ser espectador, se aprende y hay códigos especiales para esta convención social, con espacios y tiempos diferentes (la cola de espera, boletería, ubicaciones, silencios y aplausos).


El teatro es un acontecimiento. Los espectadores se encuentran con los actores en un lugar y un momento que es único y no se repetirá. Sin pantalla de por medio, el espectador lee con todos sus sentidos, viaja por un abanico de emociones y sale transformado. ¡Ir al teatro es una experiencia que se grabará en la memoria de todo niño! Y es intransferible.


Eso le pasó a Pilar. Cuando volvió del Teatro de la Manzana de presenciar “Malas Palabras” se encerró en su cuarto y empezó a inventar historias con objetos cotidianos que estaban en su casa. La obra de Perla Szchumacher cuenta, mediante la manipulación de objetos cotidianos que están en la mesa de un escritorio, la historia de Flor (una niña de 10 años que descubre que es adoptada) y la relación que ella tiene con su mejor amigo Pelos, su familia, la maestra y un diccionario.


Antes, el teatro para niños pertenecía a un sector marginal del gran teatro. Algo similar pasaba con la literatura para niños. Pero hoy, cada vez hay más propuestas y existen más familias que deciden llevar a sus niños al teatro y más maestras que eligen llevar el teatro a la escuela.





Los niños al teatro o el teatro a los niños


Las maestras en las escuelas lo utilizan como un disparador potable para trabajar ciertos contenidos de la currícula, es decir, como una herramienta didáctica-pedagógica; y también para celebrar ciertas fechas de nuestro calendario: día de los jardines, mes del niño, apertura o despedida del año escolar, actos patrios, etc.


Pero el teatro es mucho más.


La dramaturga argentina Adela Basch (Colón agarra viaje a toda costa, ¡Que sea la odisea!) nos recuerda que el teatro para niños debe cumplir con la misma función del teatro para adultos: debe ser arte. El arte abre un espacio distinto en la vida, hacia lo inesperado, lo diferente, lo desconocido. Nos permite ver algo que en nuestra vida cotidiana somos incapaces de ver.


Y si el espectáculo es entretenido y emocionante, también lo será para los adultos que acompañen al niño. El verdadero arte no tiene barreras de edad.


El teatro es un arte de lenguaje múltiple, que contiene las leyes de la literatura, la música, la danza, la plástica, entre otros. Por eso se convierte en un hecho estético capaz de cambiar la mirada de los niños frente al mundo. Esto quiere decir que el teatro los volverá seres más sensibles, más humanos, más comprensibles, más abiertos y autónomos, capaces de comprender distintas visiones de la vida y del mundo.


Como vemos, muchos son sus beneficios, porque el teatro despierta la curiosidad, verdadero motor del aprendizaje. Asistir al teatro puede dar sentido a la vivencia de alguien, dar palabras a sus esperanzas y deseos, contagiar la fuerza para hacer algo.


Además, prepara al niño para la vida adulta. Lo ayuda a aceptar lo incambiable y a buscar con sus propios medios las soluciones a los problemas de la vida diaria.


En “Palabristas” de Lucía Laragione, los personajes luchan contra los virus del olvido y lo interesante es que esa lucha no es sólo física sino mediante palabras: rimas, cuentos, canciones. Los niños del público se identifican con las protagonistas y en su afán de vencer, son creadores de variadas ocurrencias lingüísticas.


Es así como los niños desarrollan su imaginación y su fantasía, cimientos básicos para la construcción de una subjetividad.


Ellos pueden simpatizar con un personaje o ser su oponente (sobre todo en el caso de los personajes malos), pero lo cierto es que proyectan en las historias ficticias su realidad y asocian lo que realiza el protagonista con sus intereses y su horizonte de experiencias.


Así alimentan al desarrollo de su capacidad narrativa y favorecen su ingreso al mundo de la comprensión, de la interpretación y la valoración.


El teatro para niños hoy


En la actualidad se caracteriza por la diversidad y coexistencia de concepciones estéticas diversas. No hay una tendencia única para hacer teatro sino una multiplicidad de propuestas. Desde los años 80, conviven diferentes géneros: teatro de actores, de títeres y objetos, de sombras, negro, musical, multimedia, de narración, mimo, clown, danza, nuevo circo. Y hay espectáculos que combinan todos o muchos de estos géneros.


De todos modos, en Argentina, el teatro tuvo que luchar contra el exceso de pedagogía. Las obras para chicos buscaban enseñar el buen camino y estaban especialmente destinadas a las representaciones escolares, siendo muchas de ellas exaltaciones de acontecimientos patrios.


Los nuevos autores y grupos especializados están renovando esta concepción y apuestan a creaciones artísticas libres de toda atadura pedagógica. En todo caso, se podría pensar en una pedagogía comprometida con lo social.


Hoy hay una nueva tendencia, la nueva dramaturgia para niños y jóvenes se aleja de los estereotipos y lleva a escena algunos temas considerados “tabú” por los mayores, no así por los niños.


Nos referimos a esos temas que son difíciles de tratar, que suelen dejarse de lado por miedo a lo que podrán despertar. Pero el teatro sabe y va encontrando una manera divertida y no solemne de hablar de la muerte, del maltrato, del divorcio, de la elección sexual para sorpresa de muchos padres y niños que lo subestiman creyendo que sólo pueden encontrar en el teatro temas aburridos extraídos de la literatura universal.


La autora argentina María Inés Falconi (Chau señor miedo, El nuevo, Pedro y la guerra) es una de los referentes de esta corriente innovadora que explora nuevos temas, que habla de las problemáticas de los chicos de hoy y de lo que a ellos les interesa.





Lo difícil es elegir


A menudo nos preguntamos: ¿Cuáles son los espectáculos buenos y malos? ¿Cuáles son los criterios a seguir para elegirlos?


Esta tarea está atravesada por la subjetividad y se hace necesaria para los papás y los docentes. El aval lo encontramos muchas veces en la recomendación de una persona en la que creemos y que ha visto el espectáculo.


Pero el niño es el mejor de los críticos, ya que su honestidad es una manifestación de aprobación, rechazo o indiferencia (Sarah Bianchi). El niño puede interesarse inmediatamente e involucrarse con la ficción fundada en la escena como si formara parte de su mundo real. O aburrirse y querer salir del teatro. También impacientarse. Hay un grado de sinceridad tal que podrán discriminar entre un buen o un mal espectáculo.


Como lo distingue claramente la especialista Nora Lía Sormani, aquel espectáculo bueno es el que está vivo, el que produce ganas de volver a verlo, el que emociona o hace pensar o divierte o estimula o mueve a la acción y ensancha su experiencia del arte y del mundo. El otro, por el contrario, es el que aburre o no genera nada.


Los bebés van al teatro


Sabemos que hoy se reconoce al niño desde su nacimiento como un ser social, en interacción con su medio y constituyéndose como persona a partir de los vínculos iniciales. Son los adultos más cercanos quienes le muestran el mundo. El teatro, entre otras manifestaciones artísticas de nuestra cultura, hoy es un espacio para compartir con los bebés, es un espacio posible para criar y crecer.


Es aconsejable asistir desde un comienzo, durante los tres primeros años, a las primeras experiencias de espectáculos creados especialmente para bebés y niños pequeños, porque serán cuidados y adecuados, con una calidad de energía y un ritmo acorde a su edad, con la estimulación necesaria y el tratamiento del material escénico desde el lugar del afecto.


La diferencia del niño espectador


Los beneficios son muchos y no sólo para los chicos sino también para los adultos. Entrenar la lectura, compartir tiempos de ocio, mirar al mundo con ojos curiosos, compartir con la comunidad espacios de comunicación, tomar modelos en valores, construir un espíritu crítico.


Creemos que acercar a los pequeños al mundo del teatro y posibilitar que puedan valorar y por sobre todo ¡disfrutar!, (entre tanto objeto que se consume) de un verdadero hecho estético, es beneficioso para su crecimiento y la construcción de su subjetividad, contribuyendo al desarrollo de una infancia feliz.


El teatro en la escuela


Debemos valorar la presencia del teatro en la escuela. Proponemos tres actividades: lectura en voz alta y colectiva en clase; la escenificación en el aula y la improvisación para crear, comunicar y expresar; y la invitación de compañías teatrales a la escuela como así salidas para asistir a funciones que se presenten en los teatros, ya que éstas son un verdadero ritual y no presentarán adaptaciones ni cambios.


Es conveniente que el docente pueda crear expectativas en los alumnos y darle importancia al acontecimiento. Sugerimos organizar diálogos entre los artistas y los alumnos.


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